
Entre la terrible lucidez y cierta amargura fundamental, Sadie Plant escribe:
Ya reúnan información, se comuniquen a distancia, hagan funcionar las lavadoras, hagan sumas o vídeos, todos los ordenadores digitales traducen la información en ceros y unos del código máquina. Estos dígitos binarios se conocen como bits y se combinan en grupos de ocho formando bytes. Los ceros y unos del código máquina parecen proponerse como símbolos perfectos de los órdenes de la realidad occidental, las antiguas categorías lógicas que establecían la diferencia entre apagado y encendido, derecha e izquierda, luz y oscuridad, forma y materia, mente y cuerpo, blanco y negro, bien y mal, verdadero y falso, vida y muerte, algo y nada, esto y aquello, aquí y allí, dentro y fuera, activo y pasivo, verdadero y falso, sí y no, cordura y locura, salud y enfermedad, arriba y abajo, sentido y sinsentido, este y oeste, norte y sur. Y, cuando se llega al sexo, forman una linda pareja. Hombre y mujer, macho y hembra, masculino y femenino. Uno y cero parecían correctos, hechos el uno para el otro: 1, la línea definida y vertical, y 0, el diagrama de nada en absoluto; pene y vagina, cosa y agujero… como anillo al dedo. Un emparejamiento perfecto.
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